10 paradigmas políticos rotos

ThirdIndustrialRevolution

En pleno siglo XXI, era de la información, el poder de la ciudadanía gana cada vez más espacios ante el oscurantismo del sistema político que se aferra a viejas prácticas, mañas y vicios.

A raíz de las recientes elecciones en México del 7 de junio donde se eligieron tanto gobernadores, alcaldes, diputados locales como diputados federales, me permito compartir una serie de reflexiones acerca de los paradigmas políticos que la ciudadanía se ha encargado de romper, lo cual es fruto de un proceso de años que apenas comienza a manifestarse.

  1. Un solo partido político no tiene el control absoluto y hegemónico del poder en México como en el siglo XX. Existen pluralidad y contrapesos como nunca antes en la historia del país.
  2. No todo el sistema electoral y de partidos es obsoleto y disfuncional. Como todo sistema, es perfectible, pero cada vez la mayor apuesta debe ser por mejorar y fortalecer las instituciones y no lo contrario.
  3. El abstencionismo y el voto nulo no son las herramienta más poderosas para castigar a los malos gobiernos. Son útiles como medios de expresión para el descontento, pero no son las herramienta que generan alternancias y cambios políticos.
  4. El voto duro de los partidos políticos no es más poderoso que el porcentaje de ciudadanos sin compromisos partidistas que pueden ejercer un voto útil y razonado. Las organizaciones gremiales, caciquiles y corporativistas ya no tienen el poder de acarrear voluntades que tuvieron en el pasado, cuando los ciudadanos salen a votar no hay voto duro que pueda contra ello.
  5. El trabajo en internet y redes sociales no son suficientes para ganar una elección. Es necesario complementarlo con un fuerte trabajo de contacto directo con el ciudadano casa por casa, en las calles, las plazas públicas y con la participación en el debate y discusión de ideas, en foros organizados tanto por la autoridad electoral como por instituciones académicas y de la sociedad civil.
  6. Las cuotas de género y de juventud no garantizan un triunfo electoral. Para ganar una elección se requieren perfiles carismáticos y con arraigo, independientemente de la edad o del género del candidato.
  7. Las imposiciones y decisiones verticales no representan unidad. La democracia interna en los partidos políticos que genere mejores decisiones es cada vez más una exigencia y una necesidad impostergable.
  8. La relación y amistad con personajes claves del poder no bastan para generar simpatías. Ni la ciudadanía ni la mayoría de los mismos miembros de los partidos políticos ven bien que el poder quiera manejarse de una manera autoritaria y discrecional, y que además pretenda heredarse.
  9. Los gastos excesivos de dinero en campaña no garantizan una penetración real en el electorado. Se puede hacer mucho sin grandes cantidades de dinero y con creatividad, para el ciudadano el derroche de recursos públicos por parte de todos los partidos políticos es un acto de frivolidad y una ofensa.
  10. La clase política y el sistema de partidos tradicionales no tienen el monopolio del ejercicio de la política. Las candidaturas independientes y los partidos políticos nuevos con ideas frescas y adecuadas a la nueva realidad social son alternativas que buscan mayor representatividad de los ciudadanos con sus gobernantes.


Jorge Miller

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