Política para millennials

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El término millennial es utilizado para identificar a una generación, la cual es conocida también como la Generación Y o la Generación de la Red (The Net Generation), sucesores de la Generación X y de los Baby Boomers.

Dicha generación aplica principalmente para los individuos que alcanzamos la adultez en los inicios del siglo XXI y el nuevo milenio, pero de acuerdo a algunas opiniones no quedan exentos quienes la alcanzaron en la etapa de transición entre un milenio y otro. No hay un consenso para determinar exactamente los rangos de las fechas de nacimiento para definir quiénes pertenecen y quiénes no a la generación de los millennials, hay variaciones entre el 1976 y el 2004. Para efectos de este artículo tomaremos el rango de edad de los 18 a los 39 años cumplidos.

México tiene una población de más 119 millones de personas de acuerdo al último censo del Instituto Nacional de Estadística y Geografía en el 2015 y poco más 82 millones de ciudadanos son los que se encuentran inscritos en el padrón electoral y cuentan con credencial de elector de acuerdo a cifras del Instituto Nacional Electoral. De esos 82 millones más de 42 son adultos jóvenes entre los 18 y 39 años, es decir más del 50%.

El 5 de junio del presente año 14 entidades federativas de México culminarán sus procesos electorales. Aguascalientes, Baja California, Chihuahua, Ciudad de México, Durango, Hidalgo, Oaxaca, Puebla, Quintana Roo, Sinaloa, Tamaulipas, Tlaxcala, Veracruz y Zacatecas. El domingo 3 de abril, la gran mayoría de ellos ya arrancaron formalmente sus campañas con nuevas reglas electorales, las cuales conllevan menos tiempo de duración y más restricciones y fiscalización.

Se calcula que se renovarán mil 306 cargos de elección popular y podrán votar 37 millones 384 mil ciudadanos. En total, se elegirán 12 Gobernadores, 448 Diputados Locales, 965 Presidentes Municipales y 300 Presidencias Comunitarias.

Este artículo va dirigido para esos más de mil 300 candidatos que están en búsqueda del voto de la ciudadanía para representarnos ante un cargo de elección popular.

Los millennials crecimos en un mundo de tecnología, internet y redes sociales. Somos la generación que ha recibido la mayor atención de mercadotecnia y quienes tenemos a nuestra disposición la mayor cantidad de información que la humanidad haya procesado en la historia. Nos distinguimos por ser una generación plural, por lo que tendemos a ser tolerantes a la diversidad.

El millennial tiene en promedio miles de amigos y seguidores en las redes sociales, envía cientos de mensajes de texto al día, postea fotos, comentarios, comparte información y hace pública gran parte de su vida en internet. El uso de las computadoras, el internet y el uso de gráficos es algo con lo cual estamos familiarizados. El millennial es multitask, se ajusta rápidamente a nuevos programas, sistemas operativos y dispositivos, su dependencia del internet para aprender es muy alta.

Para el millennial la satisfacción en el trabajo importa más que la compensación económica en muchas ocasiones, el equilibrio trabajo-vida es esencial. Al haber crecido bombardeados de publicidad tendemos a ser escépticos sobre material de publicidad de cualquier tipo, para comprar un producto o servicio, o inclusive considerar un empleo, escuchamos más a los amigos que ser influenciados por el marketing convencional  o por las prácticas de reclutamiento de empleo tradicionales.

El millennial tiene poca credibilidad en las instituciones políticas, siente más empatía por la política independiente y por las formas de protesta contra el sistema establecido, es quien menos participa electoralmente y quien muestra más apatía, quizás por la falta de identificación con la gran mayoría de los actuales liderazgos. De la misma manera no hay mucha fe en las instituciones religiosas, los mensajes de algunas iglesias en cuanto a tolerancia religiosa, racial, de género y sexual chocan con el ideal del millennial el cual es abrazar lo plural y diverso. La justicia social es uno de los valores que más preocupan y no hay comodidad en apoyar instituciones o personas que entren en conflicto en temas de equidad social y económica.

Hay sobresaturación de información en las redes y las campañas políticas vienen a generar más información aún, si los candidatos piensan en nosotros como un mercado harían bien en conocer los principales temas que inquietan a un adulto joven: Educación de calidad con visión global; Empleos bien remunerados; Apoyo para los emprendedores;  Transporte público moderno y eficiente; Políticas de sustentabilidad y cuidado al medio ambiente; El acceso a internet como un derecho humano; Austeridad, transparencia y rendición de cuentas; Implementación de nuevas prácticas que promuevan la eficiencia y la eficacia (gobierno corporativo), entre otros.

En el siglo XX los ciudadanos esperaban que las noticias del régimen se dieran en la televisión, pero hoy en día somos copartícipes de la generación de información y de noticias, y de ello no está exenta la política de nuevo milenio.

Atención candidato, más del 50% de tus posibles electores estamos en el rango de edad entre los 18 y 39 años, por lo cual estás a tiempo de preguntarte, ¿qué estás haciendo para realmente atraer la atención de dicho electorado?, ¿tus maneras de hacer política crean empatía?, ¿tus maneras de comunicar son las más adecuadas?, ¿tus propuestas y los principios que dices defender son nuestras principales preocupaciones?


Jorge Miller

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Gobierno Socialmente Aceptable

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Reducir Ineficiencia

Romper Paradigmas

Mejores Prácticas


En la actualidad la ciudadanía exige resultados en el menor tiempo posible a las instituciones sin la famosa “burocracia” gubernamental, por lo cual se requiere que éstas realicen acciones enfocadas a la reingeniería, en esta era de las tecnologías de la información el tiempo es relativo, por lo tanto se necesita estar en constante actualización de los procesos y prácticas.

Las prácticas empresariales están en constante innovación por que identifican las necesidades de sus clientes y buscan posicionarse en el mercado como una marca que perdure, independientemente del producto y/o servicio que ofrecen, al reconocer áreas de oportunidad y llevar a cabo acciones para respetar la calidad de vida del empleado, aportar beneficios a la comunidad, fomentar el cuidado del medio ambiente, además de promover la economía comunitaria.

Las empresas identificaron áreas de oportunidad que no podían solamente ocuparse de la sobrevivencia económica sino también involucrarse con la aceptación de sus empleados y sobretodo de sus clientes, al fomentar acciones integrales donde se busca las buenas relaciones entre empleados porque éstos a su vez son la forma en que los clientes perciben a la empresa, las prácticas sociales rinden frutos al dar una aceptación por los clientes hacia la marca y logran el objetivo primordial de perdurar en el mercado, todo esto deben adoptar, reconocer e implementar las instituciones gubernamentales para lograr una mejor aceptación de la ciudadanía o, ¿acaso el bien común no perdura?

¿Conviene al gobierno representarse así mismo como una empresa?

¿Acaso ser más alejado de la aceptación de la ciudadanía es el objetivo de las instituciones gubernamentales?

¿Tener un gobierno eficaz importa más que tener un gobierno eficiente?

¿Podremos tener un gobierno acorde con la exigencia ciudadana?

¿Un gobierno aceptable perdura?

El adoptar prácticas corporativas en el ámbito gubernamental podrá romper el paradigma de la burocracia ineficiente del gobierno en todos los niveles, podrá cambiar la percepción de la sociedad hacia las instituciones y podrá lograr la aceptación social.


Alfonso Zevada Bio.

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10 paradigmas políticos rotos

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En pleno siglo XXI, era de la información, el poder de la ciudadanía gana cada vez más espacios ante el oscurantismo del sistema político que se aferra a viejas prácticas, mañas y vicios.

A raíz de las recientes elecciones en México del 7 de junio donde se eligieron tanto gobernadores, alcaldes, diputados locales como diputados federales, me permito compartir una serie de reflexiones acerca de los paradigmas políticos que la ciudadanía se ha encargado de romper, lo cual es fruto de un proceso de años que apenas comienza a manifestarse.

  1. Un solo partido político no tiene el control absoluto y hegemónico del poder en México como en el siglo XX. Existen pluralidad y contrapesos como nunca antes en la historia del país.
  2. No todo el sistema electoral y de partidos es obsoleto y disfuncional. Como todo sistema, es perfectible, pero cada vez la mayor apuesta debe ser por mejorar y fortalecer las instituciones y no lo contrario.
  3. El abstencionismo y el voto nulo no son las herramienta más poderosas para castigar a los malos gobiernos. Son útiles como medios de expresión para el descontento, pero no son las herramienta que generan alternancias y cambios políticos.
  4. El voto duro de los partidos políticos no es más poderoso que el porcentaje de ciudadanos sin compromisos partidistas que pueden ejercer un voto útil y razonado. Las organizaciones gremiales, caciquiles y corporativistas ya no tienen el poder de acarrear voluntades que tuvieron en el pasado, cuando los ciudadanos salen a votar no hay voto duro que pueda contra ello.
  5. El trabajo en internet y redes sociales no son suficientes para ganar una elección. Es necesario complementarlo con un fuerte trabajo de contacto directo con el ciudadano casa por casa, en las calles, las plazas públicas y con la participación en el debate y discusión de ideas, en foros organizados tanto por la autoridad electoral como por instituciones académicas y de la sociedad civil.
  6. Las cuotas de género y de juventud no garantizan un triunfo electoral. Para ganar una elección se requieren perfiles carismáticos y con arraigo, independientemente de la edad o del género del candidato.
  7. Las imposiciones y decisiones verticales no representan unidad. La democracia interna en los partidos políticos que genere mejores decisiones es cada vez más una exigencia y una necesidad impostergable.
  8. La relación y amistad con personajes claves del poder no bastan para generar simpatías. Ni la ciudadanía ni la mayoría de los mismos miembros de los partidos políticos ven bien que el poder quiera manejarse de una manera autoritaria y discrecional, y que además pretenda heredarse.
  9. Los gastos excesivos de dinero en campaña no garantizan una penetración real en el electorado. Se puede hacer mucho sin grandes cantidades de dinero y con creatividad, para el ciudadano el derroche de recursos públicos por parte de todos los partidos políticos es un acto de frivolidad y una ofensa.
  10. La clase política y el sistema de partidos tradicionales no tienen el monopolio del ejercicio de la política. Las candidaturas independientes y los partidos políticos nuevos con ideas frescas y adecuadas a la nueva realidad social son alternativas que buscan mayor representatividad de los ciudadanos con sus gobernantes.


Jorge Miller

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Los esquemas de hacer política cambiaron

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De acuerdo a los conteos oficiales el PRI perdió las gubernaturas de Nuevo León, Querétaro, Michoacán y Baja California Sur, ganó Sonora, Guerrero, y logró retener sin problema Campeche y muy ajustadamente San Luis Potosí y Colima. Perder Nuevo León, Querétaro y Michoacán entraña significado en cuanto al número de población, influencia política y económica de dichas entidades.

Con respecto a la configuración de la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión es muy probable que el PRI, sumado al Verde y Nueva Alianza logre la mayoría absoluta en el Congreso.

La participación electoral nacional rondó en un 47%, una votación muy escasa pero nada sorprendente ante la participación histórica de las elecciones intermedias.  A pesar de tener el nuevo ingrediente de las candidaturas independientes no se levantó realmente el interés de la ciudadanía de asistir a sufragar. Se tuvo una amplia variedad de opciones a la hora de votar, 10 partidos políticos nacionales y además candidatos independientes, signo de la pluralidad del mundo de hoy.

Por primera vez en la historia una gubernatura es ganada por un candidato independiente, Jaime Rodríguez Calderón “El Bronco” en Nuevo León, estado vanguardista y un polo de desarrollo económico e industrial en el país.  Personaje surgido de las filas del PRI pero con una historia personal, familiar y política muy peculiar que lo llevó a ganarse la confianza de su gente. Pronto sabremos los resultados de este experimento político.

En Jalisco, otra región de progreso en México, hubo un rotundo rechazo al partido en el poder y el Movimiento Ciudadano con Enrique Alfaro a la cabeza logró imponerse en la capital Guadalajara, en Zapopan, Tlaquepaque y diversos municipios que conforman la zona metropolitana de la ciudad de Guadalajara, así como en Puerto Vallarta. De la misma manera, un candidato independiente a diputado local, Pedro Kumamoto, un joven con discurso fresco y con una campaña creativa logró derribar los muros de la partidocracia en el distrito 10 de Zapopan. Mensaje contundente de que los esquemas tradicionales de hacer política pueden cambiar, con poco dinero y mucha voluntad también se puede ganar.

En Sinaloa, un estado que en 2010 rompió paradigmas políticos, se registraron 5 candidatos independientes, el mayor número en el país. Manuel Clouthier, históricamente identificado con el PAN debido a su padre y los otros 4 estrechamente vinculados a la Universidad Autónoma de Sinaloa y al grupo político local que la controla. En el distrito 5 de la ciudad de Culiacán, los ciudadanos se manifestaron en las urnas con amplia ventaja a favor del candidato independiente para derrotar así al PRI y mandar al PAN al tercer lugar. Triunfo que pone a Clouthier en los reflectores de la política local y nacional, ya que se posiciona como protagonista para futuros proyectos políticos.

Este proceso electoral deja mensajes claros. Los esquemas de hacer política cambiaron, la ciudadanía se está animando a poner su credibilidad en figuras no tradicionales y que centran su discurso en el combate a la corrupción y a la inseguridad principalmente, a las diversas problemáticas de interés común y temas de vanguardia, así como a buscar los mecanismos que nos acerquen más a una democracia participativa y no solamente representativa.

Los ojos estarán puestos sobre estos personajes y en la manera que van a desempeñarse en su función pública. La irrupción de estas figuras al sistema político mexicano trae consigo cierto aire de esperanza en tiempos de incredibilidad, apatía y enojo hacia una clase política distanciada de la ciudadanía.

El mensaje es para todos los partidos políticos sin excepción, quienes indudablemente tendrán que hacer un ejercicio de auto crítica y reflexión para adecuarse a los nuevos tiempos, elegir mejores perfiles ciudadanos para abanderar candidaturas y democratizar sus procesos de selección internos. Con esto no se pretende excluir a los partidos de la función para lo que fueron fundados, ni tampoco se cree ciegamente que las candidaturas independientes son el remedio a todos los males que aquejan al país.

Hay pluralidad, equidad de género y alternancia en todos los niveles. Hoy en día ningún partido político tiene asegurado el poder absoluto, existe la competencia real y el ciudadano ejerce el derecho de voto como castigo ante los malos gobernantes. Los partidos tradicionales PRI, PAN y PRD han perdido terreno ante la izquierda que representan Morena y Movimiento Ciudadano, los partidos locales con arraigo social y los candidatos independientes.

Aún así, el saldo para el PRI en el poder no es catastrófico, seguirá contando con la mayoría de las gubernaturas y será la primera minoría en el Congreso, alcanzará la mayoría absoluta en base a negociaciones y acuerdos, el PAN seguirá siendo segunda fuerza, el PRD pierde influencia y ahora la izquierda estará más pulverizada con el arribo de Morena. El desencanto sigue reinando en la mayoría de la sociedad mexicana pero se alcanzan a vislumbrar ciertos chispazos de luz. Más bien, el comportamiento electoral de ciertas regiones del país como Nuevo León, Jalisco y Sinaloa reflejó conquistas muy simbólicas que marcarán un referente en la vida política nacional futura.

Jorge Miller

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País de gente joven con una política vieja

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En las 32 entidades federativas de los Estados Unidos Mexicanos dieron arranque oficialmente las campañas electorales donde se elegirán Diputados Federales, y por medio de las cuales se renovará la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión.

Este tipo de elección es también conocida como la “intermedia”, por llevarse a cabo a mitad del periodo presidencial. En 9 entidades federativas habrá a la par elecciones locales de Gubernaturas, Alcaldías y Congresos Locales.

Lo peculiar de estas elecciones federales es que además de la participación de los 7 partidos políticos con registro nacional que ya conocemos, (PRI, PAN, PRD, Verde Ecologista, Nueva Alianza, Movimiento Ciudadano y PT); 3 más debutarán, (MORENA, Humanista y Encuentro Social); y se sumarán a todos ellos, por primera vez en la historia, las candidaturas independientes de partidos políticos.

Todo en política es coyuntural, y esta vez no es la excepción. Es el tercer año del Gobierno de la República que encabeza el Presidente Enrique Peña Nieto, la mitad de su sexenio, por lo cual, los resultados serán de vital importancia para fortalecer o debilitar su cuestionado gobierno, así como para definir las sucesiones de poder en las distintas regiones del país en los próximos años.

El papel de los jóvenes será determinante en esta elección. Hay inconformidad y los de arriba lo saben. En los últimos años se han abierto algunas oportunidades dentro de la política para la juventud, sin embargo, para mal de nuestro sistema la meritocracia no siempre impera.

Aún así, ciertos jóvenes día a día luchan por manifestarse, proponer, participar, dirigir, crear e innovar. Mientras, algunos otros aún siguen dormidos y sumidos en la banalidad y la apatía. De cualquiera manera, para esta generación no cabe duda de que se cuenta con una herramienta poderosa que es el internet, el cual se ha vuelto un desafío para los gobernantes y las maneras tradicionales de gobernar, comunicar y procesar las demandas ciudadanas.

Por cierto, de acuerdo con cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), México actualmente cuenta con una población de jóvenes de los 12 a 29 años de casi 38 millones, lo cual representa el 32% de la población total, un tercio de la población del país. Más pronto que tarde, esta juventud será el motor del país, sumados a los millones de jóvenes para los cuales la edad no es el factor determinante.

Para el joven común que no estudia ni es graduado en ciencias sociales o en humanidades resulta desfasada la ancestral división ideológica política entre izquierdas y derechas.

Por ejemplo, el Nacionalismo Revolucionario es algo anacrónico, old fashioned.
La Revolución Mexicana y los gobiernos postrevolucionarios son algo que, además de alguna vez haberlo estudiado en clases de historia, acaso solamente lo han escuchado de las anécdotas de sus padres, tíos o abuelos.

De los liderazgos de la izquierda del país, los más representativos son disidentes del Nacionalismo Revolucionario oficial, los demás tienen origen en corrientes comunistas, socialistas o socialdemócratas, y los menos, son voces combativas de grupos guerrilleros que luchan en contra del sistema de dominación capitalista y su status quo.

El ala dura de la izquierda mexicana tiene matices estalinistas, anclada en la eterna lucha de clases de siglo XIX, lo cual es algo muy distante para los jóvenes de la actualidad. La Rusia comunista de Stalin y de Lenin, de igual manera, solamente ha sido estudiada en libros de textos de historia universal, la mayoría de las veces muy someramente.

Un sector de la derecha mexicana es de tintes fascistas. La idea que tenemos cuando se habla de derechas o de fascismo es la de los gobiernos totalitarios al estilo de Franco, Mussolini y Hitler, y vienen a nuestras mentes dichos sistemas de gobierno que defendieron ideas retrógradas, de siglo XX, por no irme más lejos a La Santa Inquisición. No son pocas las expresiones de los “ultras” que se han manifestado a favor de instaurar un régimen de ese estilo en nuestro país.

Lo que se alcanza a ver dentro de cualquier partido político es una lucha por perpetuar intereses y privilegios por encima de cualquier visión de Estado. En el ejercicio del poder se recurre de igual manera a políticas neoliberales que benefician a unos pocos, los mismos de siempre, o por políticas populistas que solamente fomentan el paternalismo, pero lamentablemente nadie representa una política progresista, liberal y vanguardista, de nuevo milenio.

Así las cosas, a manera muy general esto es lo que los principales partidos políticos en México representan, más allá de las mal gastadas palabras de democracia, justicia social, igualdad, progreso, desarrollo, modernidad, cambio y transformación que son prostituidas por todos por igual, no sin omitir los mismos vicios y prácticas que en estos tiempos prevalecen ante la lucha de ideas.

Y es en este mosaico ideológico político mexicano que cabe hacernos bastantes preguntas.

¿Estaremos condenados a votar como lo hicieron nuestros padres y nuestros abuelos por el menos peor?

¿Debemos participar dentro de los partidos políticos ya existentes, sin importar ser carne de cañón y además tener que hacer fila detrás de tantos juniors, achichincles y demás?

¿Con qué partido político se identificarán más los jóvenes?

¿Cuál llenará más las expectativas de vida que el ciudadano de siglo XXI exige?

Si no es con ninguno, ¿serán las candidaturas independientes un buen mecanismo para desfogar un poco el descontento hacia un sistema que poco nos representa?

¿Será el camino participar dentro de organizaciones civiles y no gubernamentales para ir fortaleciendo la escasa cultura de equilibrios y contrapesos en nuestra sociedad?

¿Es pertinente el surgimiento de partidos nuevos menos verticales, con una propuesta más fresca y adecuada a los nuevos tiempos?

¿O qué más se te ocurre?

Tal y como Carlos Fuentes en una entrevista con Carmen Aristegui en el año 2012 expresara, “México es un país de gente joven con una política vieja.” Y eso pronto tiene que cambiar.


Jorge Miller

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